Claudia Marisa Silva
Las formas de producción hegemónicas (monocultivo, extractivismo, consumo descartable) descansan sobre una lógica de dominio ilimitado sobre la naturaleza. Frente a esto, los saberes productivos locales y ancestrales albergan una racionalidad ambiental. Las técnicas de cultivo tradicional, la bio-construcción, la medicina herbolaria, la alfarería y las tecnologías populares de conservación no son meros «oficios manuales»: representan cosmovisiones basadas en la reciprocidad, la sustentabilidad y el cuidado de la trama comunitaria.
Considero que como docentes debemos recuperar y valorar los saberes ancestrales ya que se construyen entre las personas, la naturaleza y el territorio, para que desde las aulas enseñemos valorar y aprovechar los recursos naturales, sin perder de vista su cuidado y conservación.