Peiñipil Debora Vanesa
Pensando en mi práctica actual como Maestra de Apoyo a la Inclusión (MAI), siento que la dimensión vincular es la que tengo más resuelta. Paulo Freire sostenía que la educación es un acto de amor y diálogo; en ese sentido, busco construir relaciones de confianza y empatía con los estudiantes, escuchando sus necesidades para que se sientan alojados y valorados en el aula.
Por otro lado, la dimensión que más me cuesta sostener en el día a día es la institucional (y su articulación con la pedagógica). Lograr tiempos reales de trabajo colaborativo, planificación conjunta y acuerdos pedagógicos fluidos con los docentes de aula suele ser un desafío constante marcado por tensiones y falta de espacios formales.
Reconocer estas tensiones no implica resignación, sino entender que el aula es un espacio dinámico e imperfecto. Como nos enseña Freire, la práctica docente requiere una mirada crítica y esperanzada para seguir transformando las barreras institucionales en oportunidades de inclusión real.