Sebastián Mermoud
Mi historia con las plantas comienza en la escuela primaria, durante la década de los 90, en Esquel. No recuerdo exactamente el año, pero sí que algunos compañeros de la Escuela N.º 54 me contaban que no siempre comían y que comenzarían a asistir al comedor escolar.
Justo esa semana llegó un profesor nuevo, el profesor Billi, del Invernáculo. Nos contó que allí producirían las verduras para el comedor y que, si ayudábamos, incluso podríamos llevar a nuestras casas parte de lo que sobrara. Yo ya conocía los invernáculos porque mi abuelo tenía uno, al que dedicaba mucho amor y tiempo, así que decidí anotarme en el taller.
En la primera clase me regalaron una bolsa de semillas de huerta que decía “INTA”. Las plantamos y poco después llenamos de plantas, para mí bastante raras, el invernáculo de la casa de mis abuelos. Poco a poco me apasioné por las plantas y se despertó en mí el “bichito” de la botánica, aunque entonces no sabía que así se llamaba.
Ese mismo año conecté fuertemente con mi otro abuelo, que vivía en el lago Futalaufquen. En nuestros recorridos me enseñaba a reconocer los árboles y sus usos: el maitén y la laura para el fuego, el ciprés para los postes de los alambrados y los pinos para construir, aunque eran peligrosos por su facilidad para incendiarse.
Esas experiencias de educación no formal me marcaron y dieron comienzo a mi amor por la Biología y hoy soy Biólogo y docente de Ciencias Biológicas. Mi nombre es Sebastián Mermoud, y actualmente me desempeño como docente en escuelas secundarias e institutos de formación docente de la zona. Espero llevarme herramientas para plantear desafíos y estimular emociones, porque creo que aquello que nos moviliza también deja huellas en nuestros aprendizajes