Quesada Silvana Belen
Retomo la idea de Daniel Feldman (2008), para quien enseñar implica retirarse para dar lugar al otro, y la pongo en diálogo con Violeta Núñez, quien sostiene que la primera responsabilidad de quien educa es “admitir el enigma que cada sujeto representa, dando tiempo al tiempo, tiempo a los tiempos de la educación de cada sujeto”.
Esta idea me hace pensar que enseñar es también saber hacerse a un lado para que cada niño o niña pueda mostrarse, pero sin dejarlo solo. La autora aclara que los adultos no podemos desentendernos: acompañar es estar presente, proponer y sostener.
En la sala del jardín se podría trabajar con la propuesta “Caminos que cuidan”. Partimos de un mapa de los recorridos que hacen las familias para llegar, y los niños y niñas dibujan “mi camino al jardín” y cuentan qué ven y qué les da cuidado. Yo presento la actividad, hago preguntas y ayudo a poner en palabras lo que observan; después dejo que cada uno cuente su camino a su manera.
Acá se vinculan la justicia curricular y la pedagogía del territorio. Como plantea Núñez, se trata de abrir a todos el acceso al conocimiento que vale la pena compartir. Si lo que se enseña parte de la vida real de los estudiantes, como el barrio, el trayecto y las familias, todos tienen la oportunidad de acceder a un conocimiento que les importa y que los reconoce. Cuando el camino al jardín pasa a ser contenido de enseñanza, la palabra de cada niño o niña y su territorio ganan un lugar valioso en la escuela. Por eso entiendo la enseñanza como acompañar con intención: preparar el espacio y los tiempos para que los estudiantess se hagan preguntas y construyan sus propias experiencias con otros.